Mayo 24, 2017

Texto de la intervención de Aurelio Suárez en la Audiencia : “Por qué defender la Ciencia?” citada por senador Jorge Enrique Robledo

Audiencia – Ciencia y Tecnología. Septiembre 19 de 2016.

1) Breve historia de la relación entre Ciencia y capitalismo.

-En el prefacio del libro, “La ciencia en el siglo XIX”,  de Elías Trabulse se reseña que fue el historiador inglés William Whewell quien en 1841 calificó al profesional de la ciencia como un “científico”. Así puso de manifiesto, dice Trabulse, “el lugar de preeminencia a que habían llegado dentro de la sociedad quienes se consagraban a la investigación científica y su papel cada vez más determinante en el desarrollo…”. 

-Todos sabemos que en el siglo XIX se lograron hazañas hasta entonces inimaginables en campos como la astronomía, la óptica, el electromagnetismo, la termodinámica, la química, la biología, la energía; la evolución y la genética en biología, así como en la morfología, la fisiología y la patología.

-Tales desarrollos de las ciencias naturales operaron -sobre la base de la producción capitalista- una revolución tecnológica, fruto de su aplicación práctica en las comunicaciones, las fábricas, el transporte, la medicina y la higiene sanitaria, entre muchos,  que condujo a la creación de “energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones”. Se produjo así un vínculo mutuamente provechoso, de beneficio recíproco, entre capitalismo, el desarrollo industrial, y la empresa científica. Con la aplicación de la hidráulica a los telares que procesaban el algodón y el diseño de Singer, Estados Unidos pasó al liderazgo de la industria textil y de confección y con el arado de acero de John Deere se pudieron sembrar semillas de trigo de Turquía en las duras praderas de Oklahoma a la vez que florecía la química europea y la fabricación de acero de propiedad de los Carnegie y los Krupp.

-En ese matrimonio de a poco el capitalismo fue tomando las riendas del desarrollo científico, creó las instituciones del Estado que lo apoyaran y financiaran y también elevó los niveles de la educación superior para conformar los equipos humanos necesarios en un sector intensivo en ese factor. Así mismo, las empresas también patrocinaron la investigación y el desarrollo científico que, dicho sea de paso, se difundía, se vulgarizaba.

-Con la aparición de fases superiores del capitalismo, fruto de la fusión del capital bancario con el industrial, los primeros poderes mundiales del monopolio financiero, desde inicios del siglo pasado, ejercen mayor control sobre las iniciativas de la ciencia, extendiendo su utilización a las necesidades de intervención en territorios extranjeros, para el control físico de las fuentes necesarias de materias primas y de energía y de la exportación de los capitales por todo el mundo y para sus incursiones bélicas y de guerras de colonización y de disputa entre las potencias y los regímenes más poderosos. Prueba de ello es que en 1920, el 20% de la industria norteamericana hacía parte del complejo militar- industrial, para 1940 ya era el 40% y, ahora, según Chalmers Johnson es más del 80%.

-Una primera muestra de la utilización del desarrollo tecnológico en beneficio del predominio económico, lo vivió Colombia luego de los años 50 del siglo XX cuando los parámetros de los paquetes tecnológicos concebidos para la producción de géneros agrícolas en ecosistemas de clima templado se implantaron sin mayores alteraciones a nuestra agricultura tropical descartando los adelantos que algunos investigadores nacionales habían realizado. El país desechó así prácticamente el camino de una tecnología genuina y adecuada.

2) Los datos mundiales de la propiedad intelectual. Caso Colombia y USA.

-En los últimos 25 años de la presente globalización, empezando por las disposiciones globales de la OMC, no sólo se ha reforzado la manipulación del desarrollo científico sino que, contrario a épocas anteriores, cada vez se excluye más a las naciones y regiones rezagadas mediante la conversión de los sistemas de incentivos para el inventor en fuentes de lucro de las compañías que se apropian de las invenciones y los descubrimientos, no sólo de los originales sino aún de sus familias tal como se les conoce.

Las siguientes cifras – originadas en diversas fuentes como la OCDE, el Departamento de Comercio de Estados Unidos y la Oficina Mundial de Propiedad Intelectual (WIPO, por sus siglas en inglés) – en un comparativo por valores y por ranking entre Colombia y Estados Unidos que dan testimonio de las diferencias abismales entre los dos países en Investigación y Desarrollo, uno generador y el otro excluido.

  • Entre los dos mil primeros inversionistas en R&D, 658 están en Estados Unidos y si se suman los de Japón y Alemania se llega al 57% del total, 1141, son los dueños de la propiedad intelectual. No hay ninguno de Colombia.
  • Mientras Estados Unidos ostenta el segundo lugar en el mundo en número de patentes registradas en las 147 principales oficinas del mundo, con 2’527.750, 24 de cada 100,  Colombia está en el puesto 59, con 6710, pero teniendo en cuenta que no más del 15% son de residentes en el país. En Estados Unidos son más de la mitad en esa condición.
  • En cuanto a marcas registradas, Estados Unidos está en el segundo puesto en tanto Colombia en el 35 y en diseños industriales, Norteamérica, de un total de 3’329.000, tiene 284.481 y Colombia tan sólo 3651, de los cuales el 65% son de no residentes en el país.
  • Todo lo anterior le da a Estados Unidos un enorme ingreso por exportaciones de servicios con uso de propiedad intelectual + servicios audiovisuales, que junto con los de literatura están bajo el régimen copyright, por cerca de 130 mil millones de dólares, captura el 39% del total registrado por la OMC para todo el comercio global en este renglón, y según las cifras oficiales norteamericanas de comercio es el tercero luego de la agricultura y los alimentos exportados y los derivados por viajes hacia allí y muy por encima de los automóviles y los servicios financieros y los seguros. A contramano, Colombia está entre los diez primeros países importadores netos de tecnología.
  • Todo lo anterior pone a Estados Unidos en el puesto #4 en el ranking del Índice Global de Innovación – GII 2016- y a Colombia en el lugar 63. Las siguientes asimetrías escandalosas y muchas otras lo explican: el número de profesores por alumno en secundaria; la colaboración para innovación entre universidad y empresas; la creación de conocimiento; el capital humano; el número de artículos en publicaciones científicas por cada millón de habitantes; el gasto total en R&D, que allá es el 2,8% del PIB y aquí apenas el 0,2%; el número de solicitudes de patentes por cada mil millones de dólares de PIB; la energía en k-h/cápita; el gasto en educación que en Estados Unidos es del 5,22% en Colombia es del 4,67%.

3) El TLC y la propiedad intelectual.

  • En el marco de estas inicuas condiciones fue como se negoció el TLC pero incluso con mayores agravantes empezando porque en el capítulo 10 en su numeral 23 se le da el trato de Inversión de Capital similar a las inversiones bursátiles; a la deuda nacional y subnacional; a la inversión directa en cualquier sector de la economía; bonos y préstamos; futuros y derivados especulativos; contratos, licencias y concesiones y en cerca de más de diez formas de exportación de capital.
  • A las mercancías tuteladas en el capítulo de propiedad intelectual, patentes, marcas registradas, diseños industriales, copyright, variedades de plantas se les incluye así en un portafolio financiero muy lejos de la inspiración originaria de incentivo al inventor individual, ahora es, ante todo, un commodity
  • Todo esto persigue el respeto y la protección de los derechos de propiedad intelectual como cualquier modo de inversión, sin que se le exija ningún requisito de desempeño; la libre remisión de utilidades y remesas pero, ante todo, el régimen de solución de controversias ante tribunales internacionales de arbitraje; con la legislación global por encima de la nacional
  • Con estas prerrogativas se consagra el monopolio predominante de la propiedad intelectual en el capítulo 16. Colombia debe suscribir diez tratados adicionales relacionados con marcas, patentamiento de obtención de variedades vegetales; de uso de microorganismos y de interpretación de fonogramas, entre otros. UPOV 91, (USA 21.500 registros) Marcas de Madrid y SINGAPUR y de Budapest.
  • Aumenta el número de años de 20 a 25 y a 30 en distintos bienes como fármacos y agroquímicos; extendiendo el monopolio; y superando lo vigente entonces por el acuerdo ADPIC, es un ADPIC plus. Agrega nuevos beneficios como “la patente de uso” y de “segundos usos” una vía al patentamiento vitalicio; se reducen los mecanismos de agotamiento del derecho de monopolio; con distintos trucos inaceptables por muchos países pero a los que Colombia en los medicamentos les dejó la puesta abierta sujeta a disposiciones posteriores.
  • Estos capítulos anteriores, como si fuera poco, deben acompasarse con el de Servicios, el 11, que los refuerza aún más en términos de garantías y acceso a las transacciones, ajustadas a este tipo desequilibrado de libre comercio, los TLC, como dijera alguien, están acompasados y, como en este caso, son “una sopa de anzuelos”, por donde se tome lo engancha.
  • Las amenazas no cesan. Se está cocinando el TISA, el Acuerdo Internacional de Comercio de Servicios, que intenta limitar al máximo las regulaciones de los estados en ese campo y otorgar todos los poderes a grandes corporaciones financieras, de la informática y de las ramas de servicios. Es un AGS plus, más allá de la OMC.
  • En paralelo, el país ha estado ajustándose a tan onerosas imposiciones: como convertir a Colciencias en Departamento Administrativo adscrito a la Presidencia de la República, dejando de ser una institución autónoma como establecimiento público, y como “convidado de piedra” en los OCAD, donde las decisiones no están en manos de grupos calificados con “criterios de relevancia, pertinencia y robustez conceptual y metodológica” sino de intereses políticos regionales y locales. (Bernardo Useche).
  • Ese viraje al introducir la innovación como el elemento nuevo y básico del sistema ha sido definido como “desalentador”, en buena medida al dirigirse los nuevos recursos del SGR a instancias donde su suerte es muy incierta. Fondos como el Fondo Caldas y Fondo de Investigación en Salud están desfondados y desviados hacia otras aplicaciones. En el horizonte aparece quizás otra más grave es ir menoscabando la enseñanza en colegios y universidades hacia las denominadas competencias como sucedáneas únicas de la formación básica.
  • Estas políticas, que se guían por el corto plazo, consignadas en el PND de 2015 están en diapasón con las recomendaciones en materia de Ciencia, Tecnología e Innovación de la OCDE que profundiza la lógica de las ventajas comparativas. Colombia, a la baja complejidad y a la maquila, como consumidor de innovación, y las potencias se reserva la concentración del conocimiento científico y el predominio económico que de allí se emana.
  • ¿Por qué defender la ciencia aquí y ahora? Porque lo que está de por medio es impedir que el país sea relegado a perpetuidad al atraso al excluirse del conocimiento más avanzado, circunscribirlo a una producción en las primeras escalas tecnológicas e impedir el desarrollo tecnológico por vía de la copia y el aprendizaje en el oficio. Es la típica figura de correr la escalera del economista coreano Ha Joon Chang.
  • Me pregunto si al encomiable y abnegado papel de los científicos de ahora les corresponde como en su época a Mutis y a Moreno y Escandón, como dice José Fernando Ocampo en su libro sobre la educación en Colombia, quienes al plasmar con firmeza las bases para la transmisión del conocimiento más avanzado las van sentando para la transformación del país en otros órdenes: económico, político y social.

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