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Opiniones Blu

La tiniebla de la desigualdad

El papa Francisco – en su oración en la misa en el parque Simón Bolívar en Bogotá el jueves 7 de septiembre- advirtió sobre “densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida”, “aquí como en otras partes”.

Entre ellas enunció cinco: 1) las de “la injusticia y de la inequidad social”; 2) “las corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos”; 3) las del “irrespeto por la vida humana”; 4) las de “la sed de venganza y del odio” y 5) las de “quienes se vuelven insensibles ante el dolor de tantas víctimas”.

Para todas se podría documentar su existencia perversa en Colombia. Los billones perdidos, y en forma de “enormes elefantes”, que tanto disparate y bárbara corruptela han ido a bolsillos y cuentas de descarados funcionarios o agentes privados amorales o también las más de ocho millones de víctimas del conflicto armado muchas de ellas sometidas a crímenes de lesa humanidad por los distintos intervinientes armados o las expresiones y hechos de represalias demenciales, incluidos los ámbitos de la vida cotidiana y familiar en campos y ciudades.

En ellas acierta el papa Francisco pero vale enfatizar en la de la inequidad, la menos noticiosa, pero que como el mismo anotó: “es la raíz de los males sociales”. Algunos datos, consignados en el libro, “Piketty y los economistas colombianos”, le dan sobradas razones: Colombia tiene el Coeficiente de GINI (que mide la desigualdad de 0 a 1 y mientras más cerca a este número es más desigual) es 0,52, el octavo más alto del mundo, el segundo de América y Bogotá es la tercera capital inequitativa después de Riohacha y Quibdó. Esto expresa un hecho insólito: El 50% más pobre de la población recibe solo el 13% del ingreso, en tanto el 1%, del nivel más alto, capta el 20%.

Y ello es sólo la manifestación de la inicua distribución de activos: Cuatro grupos financieros controlan el 75% de los bancarios; el 0,4 % de los predios rurales, los de más de 500 ha., poseen 75,5 % del área de las unidades productivas; veinte títulos bursátiles capturan más del 70% de la capitalización de mercado y hasta en las utilidades dentro del universo empresarial la distribución es muy desigual: mucho más que la registrada entre las personas.

Quiera la vida que en Colombia se manifieste la voluntad política, con amplio sentido democrático, de mejorar la repartición del ingreso. El componente destinado a la inmensa base social del país, vía salarios o entradas mixtas como “rebusques” y demás, es el 41% del total, igual a Kenia, mientras en Japón es 66% y en Suecia el 73%, según trabajos del grupo de Piketty.

Es sabido que el 85% de los asalariados gana menos de dos salarios mínimos y que el 60% de las mujeres trabajadoras está en la ocupación informal y su jornada, que abarca las labores domésticas, es casi el doble entre tanto su brecha de remuneración con los hombres el del 22%.

Debería hacerse un gran pacto nacional, un acuerdo de todos con todos, para aliviar esta crítica situación ya que no es posible ni el progreso ni el adelanto para nadie con las bases sociales con los bolsillos vacíos, sin mínima capacidad de demanda, con más de un 70% que dice que no tener cómo sobrevivir o que apenas sobrevive. Veremos si aquí la prédica, como en la parábola del sembrador, cayó en la tierra fértil.

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Publicado: 13 de septiembre de 2017 – 14:08 p.m. en www.bluradio.com

 

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