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Estancada y vulnerable

¿Quién tiene la razón en la polémica entre el gerente del Banco de la República, Juan José Echavarría, al decir que la economía nacional está “estancada”, y el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, al replicarle que es un problema asociado al trimestre y a un sector específico, el de la construcción, y que va a crecer a un ritmo de 3,6 % este año?

Echavarría mostró que el crecimiento del PIB en el primer trimestre de 2019 fue 2,3 % y no 2,8 %, según dijera el Dane; que era alarmante el incremento del desempleo, sobre todo en las trece principales ciudades; que hay retroceso en el índice de población en pobreza monetaria y que con menor formación bruta de capital (FBK) se configura un “estancamiento” en el desempeño económico.

El director de Fedesarrollo, Luis Fernando Mejía, acopió datos que reforzarían el diagnóstico de Echavarría, como que, en abril, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) se mantuvo en terreno negativo, en -9,6 % –por debajo del -5,6 % de marzo–, o que entonces el número de ocupados se reducía ya en 164.000 puestos o que, de concretarse ciertos riesgos, como la caída en la construcción o la parálisis en proyectos de infraestructura, el crecimiento para 2019 estaría por debajo del 3 %, rango en el que ya sembraron expectativas Bank of America, JP Morgan e Itaú. Para mayo, Fedesarrollo advirtió deterioro tanto en el Índice de Confianza Comercial a 26,3 % –con 3,5 puntos porcentuales menos frente a abril, por el incremento de inventarios– como en la capacidad industrial utilizada, del 70 %, la más baja desde agosto de 2018.

Echavarría adelantó, además, que la devaluación, de las más altas de 2019 en mercados emergentes, muestra pérdida de correlación entre la tasa de cambio y el precio del petróleo y materias primas. La atribuye a “factores residuales”. El IIF, Instituto Internacional de Finanzas, por su parte, ha alertado en dos publicaciones sobre el desbalance “estructural” en las cuentas externas de Colombia, lo que se vio ratificado en el primer trimestre de 2019 cuando, año a año, fue de -4,6 % del PIB, un déficit de 15.000 millones de dólares.

El viceministro de Hacienda, Luis A. Rodríguez, explicó este hecho por “mayor rendimiento de la inversión extranjera en el país”, la renta factorial que –entre 2017 y 2018– sumó 2.560 millones de dólares más hasta 17.535 millones de dólares y, paralelamente, el presidente Duque pregonó que en el primer trimestre de 2019 la inversión extranjera alcanzó 3.335 millones. No obstante, ocultó que los giros de las ganancias de los inversionistas foráneos fueron 4.216 millones, que hubo más egresos que ingresos, y así las ganancias incrementadas al capital extranjero se tornan en debilidades para la economía nacional, tal como se aprecia en la posición de inversión internacional de Colombia.

De hecho, en la línea contable del FMI, a marzo de 2010, sumando como pasivos la inversión extranjera, en sus distintas modalidades, directa, de portafolio, fondos de capital, títulos de deuda, TES y otras, según cálculos de Juan Pablo Fernández, valían 133.025 millones de dólares. A contramano, los activos, representados en inversiones nacionales en el exterior y en activos de reserva en títulos, oro, etc., sumaron solo 72.319 millones, o sea 60.706 millones de dólares menos. ¿Cómo ha evolucionado dicha posición hasta marzo de 2019? Los pasivos se treparon a 342.068 millones de dólares y los activos, apenas a 181.347; una diferencia de 160.720 millones, casi el triple de nueve años atrás.

Con respecto a estos activos, hay que anotar que al cruzarse con la deuda externa, las reservas internacionales de 51.462 millones de dólares son solo 38 % del monto total adeudado (132.794 millones de dólares), un porcentaje, según datos del Banco Mundial, inferior al promedio de América Latina y el Caribe, de 47 %. Y en cuanto al sector privado, sus inversiones en el exterior son casi iguales a su endeudamiento externo, incluyendo 18.485 millones de dólares del sector financiero; es decir, la expansión internacional de las firmas colombianas, como la de los bancos, se hace “al debe” y no fruto de valor creado.

Le evidencia presentada permite concluir que tiene fundamento el llamado de Juan José Echavarría, tanto por el estancamiento como por la vulnerabilidad de la economía nacional, y es grave que el gobierno de Duque, en tanto persiste en la política económica de atraer capital extranjero, se preocupe más por desvirtuar al mensajero que por asumir correctivos estructurales que se demandan.

(Columna de Aurelio Suárez publicada en El Tiempo el 5 de julio 2019)

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