Agosto 23, 2017

¿Economía de ‘alas de cucaracha’ o recesión?

Aurelio Suárez Montoya, El Tiempo, Bogotá, junio 12 de 2017

Hay dura contracción en la base económica y desocupación de dos dígitos en las áreas metropolitanas.

Rudolf Hommes dijo que en la economía nacional “las perspectivas son malas y el crecimiento es de alas de cucaracha”. La frase viene de quien le tira línea al oficialismo pero está en la cruda realidad del 2017, con crecimiento para el primer trimestre del 1,1 por ciento, o del 0 por ciento en el ingreso por habitante, cifra no vista desde el primer trimestre del 2009 (y antes en el 2002) e impele a preguntar: ¿En qué estamos a corto plazo? ¿Para dónde vamos hacia el mediano?

 Las cifras de marzo reflejan más que una difícil coyuntura y, si se mira la evolución de los primeros tres meses del año, cuando el crecimiento del PIB, en pesos constantes de 2001, bajó -0,2 %, parecen presagiar más probablemente una rodada cuesta abajo. Lo confirman datos de todos los sectores. Entre las ramas industriales que caen están los lácteos con -1,1 %, con el peor primer trimestre desde 2009; el azúcar con -4,3 % y 18 meses en números rojos; textiles con -1,3 % con 5 años consecutivos con pérdidas anuales en el PIB y en zona roja también las bebidas, vestuario, calzado, minerales no metálicos, muebles y el petróleo continúa en racha negativa. Hay una dura contracción en la base económica acompañada de desocupación de dos dígitos en las áreas metropolitanas.

El signo menos no marca solo a la industria: la energía eléctrica cumple cuatro trimestres cayendo, lo que no ocurría desde 2001; el comercio, que no se reducía desde 2009, cayó -0,5 % y en el trimestre a -2,3 %; el agro reporta 1,6 % trimestral a marzo; la construcción, para igual mes, -2,6 % y la intermediación financiera, que subió 6,4 % anualmente, cayó -0,3 %, de enero a marzo, como pasó en el 2009, y con riesgo creciente por choques en Centroamérica, área de expansión.

Acerca del sector financiero, el FMI (marzo del 2017) denotó mayor vulnerabilidad por deterioro de la calidad de cartera en Agricultura, Minería y Transporte y por incremento de préstamos vía tarjetas de crédito. Resaltó que si se pierde la confianza, como insinúa la calificadora Moddy’s, un alza en el riesgo-país afectaría empresas con más dependencia de endeudamiento externo y las pérdidas acumuladas alcanzarían el 21,1 % del patrimonio de los bancos.

El FMI explica el crecimiento de “alas de cucaracha” por el impacto de la caída del precio del petróleo, con mayor grado a los 9 trimestres; el de la devaluación con repercusión a los 6; el deficiente crecimiento del PIB con efecto en 4 trimestres y el crecimiento del crédito en 3. Distintos vientos forman tormenta, donde retumban ensordecedores truenos de la reforma tributaria.

Perry dice que Hommes tiene mirada cortoplacista. Sin embargo, parece que el FMI también cuando pone a la economía nacional en una matriz de riesgos globales, iniciando por las dificultades de financiación del déficit externo si hay rebaja sustancial de impuestos en Estados Unidos, que cambiaría la dirección de los flujos de inversión directa y de portafolio, hoy con crecientes posiciones en títulos del Tesoro, TES, que suma más 18.000 millones de dólares desde el 2012.

El Fondo avisa además eventuales secuelas por probables caídas en los precios del petróleo; por bajones en la demanda mundial de ejercerse presión del dólar sobre el renminbi chino y por la normalización de la tasa de la Reserva Federal. En medio de tales retos, pronostica crecimiento promedio del PIB de 3,2 % anual hasta el 2022 por debajo de su potencial –un crecimiento de “alas de cucaracha”–, aunque se sabe que para naciones-commodity como Colombia lo que define es el riesgo-país, o Embi, que ronda los 200 puntos.

En tanto el ministro Cárdenas transpira optimismo, al problemático panorama se le receta, como Hommes, “fomentar comercio con África”; o “acoger extranjeros que se enamoran de colombianas y vienen a trabajar”; o más libre comercio; o más confianza inversionista, como pide Santiago Montenegro; o mejorar la calidad de la educación; o elevar la productividad multifactorial, cuyas fuentes iniciales serían, según el FMI, el “dividendo de la paz” y las vías 4G, cuya demora ya asemeja parálisis.

El dilema, entre caída en picada o mediocre crecimiento, es el mismo del debate internacional económico: similar a una torre de Babel, causada por la brújula trastornada de la globalización financiera, presente también en abigarradas movilizaciones sociales de rebeldía. En eso vamos…

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