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El Espectador

Acueductos contaminados por la corrupción, caso Yopal

La corrupción y la falta de planificación de obras están perpetuando los problemas de acceso a acueductos en varias regiones del país. En otras, las empresas encargadas están asumiendo compromisos que ponen en riesgo su estabilidad.

Por: Aurelio Suárez M.

El investigador Aurelio Suárez documentó para El Espectador la situación en cinco ciudades. Esta es la increíble historia Yopal:

El Acueducto de Yopal: ¿viacrucis o calvario?

 

Yopal se fundó en 1915, y 36 años después tenía apenas 3.122 habitantes y fue nombrada capital del nuevo departamento del Casanare, en 1973, siendo una ciudad joven en comparación con el resto de cabeceras territoriales. En 1993 ya contaba con 44.761 pobladores, pero el gran crecimiento dio con el auge petrolero en la región. Para 2005 eran 103.754 yopaleños y para 2015 eran más de 140 mil, de los cuales casi 120 mil viven en el casco urbano. En sólo 20 años, Yopal triplicó su población.

Algunas crónicas testimonian que para 1994 el Acueducto de Yopal se quedó pequeño. Cubría los 31 barrios existentes, pero el suministro de agua debía racionarse dos horas al día, basado en un sistema que se remonta a los años 80 y comienzos de los 90. Según el alcalde de la época, Blas Hernández, la cobertura de acueducto era del 100 % y de alcantarillado, del 65 %.

El sistema se amplió a la par que Yopal crecía, agregando tanques a la planta original y más redes hasta que, con la capacidad casi saturada, colapsó el 29 de mayo de 2011, tras el derrumbe del cerro Buenavista. A partir de entonces comenzó un viacrucis sin precedentes, marcado por corruptelas y chambonadas que superan la imaginación. De inmediato se contrataron carrotanques para proveer a la ciudadanía: Ecopetrol contrató 23 y otro tanto el municipio, por conducto de la Empresa de Acueducto, Alcantarillado y Aseo de Yopal (EAAAY), a razón de $1,5 millones al día, solución de emergencia convertida en mina de podredumbre que aún hoy sigue dando réditos. En 2012, el alcalde William Celemín, quien había hecho su campaña con la bandera del agua, lanzó con bombos y platillos un convenio interadministrativo con la EAAAY, para que contratara a dedo a la Unión Temporal Planta Modular Yopal 2013, fachada de un reconocido contratista. Los consejeros presidenciales, Iván Mustafá y David Luna, anunciaron a comienzos de diciembre de 2013 la inauguración de la Planta, presentándola como la panacea. Sin embargo, a la víspera de la inauguración, en la que estaría el presidente Santos, estalló a las 4:30 p.m. un tanque de la planta, que no resistió la presión, dejando en evidencia graves desatinos en el diseño, denunciado luego como plagio de una obra en Cuba, y una construcción defectuosa con materiales y procesos deficientes. En abril de 2016, dos años y medio después, se dictó medida de aseguramiento domiciliario contra Celemín, quien fue destituido por la Procuraduría e inhabilitado por trece años, contra otros tres funcionarios y, en un centro carcelario, contra el contratista, de apellido Salcedo. La pérdida en el disparate se estima en más de $11 mil millones. A la carrera, empezaron a paliar la catástrofe con soluciones de emergencia. En esa línea, surgieron los pozos subterráneos profundos y la construcción de una nueva planta modular alterna, en un proyecto coordinado por Superservicios en el marco de la intervención que hizo a la EAAAY en 2013. La red de pozos conectados al acueducto y la planta –según lo esperado– surtirían a Yopal con 454 litros por segundo para cubrir 400, que es la demanda efectiva.

¿Qué ha pasado con esta medida provisional? Pese a otro convulsionado paro en junio de 2014 y a las epidemias por retrovirus y enteritis, apenas 18.500 suscriptores, de un total de 34.500, se abastecen hoy de diez pozos profundos, según Informe de EAAAY de noviembre de 2016. La otra planta modular alterna, contratada por el Fondo Empresarial de la Superservicios –por un valor de $11 mil millones en noviembre de 2015– con el Consorcio Interyopal, liderado por William Vélez, opera desde julio de 2016 y suministra agua a la zona central del municipio con problemas de turbiedad y de presión en épocas de invierno y a menos de 140 litros por segundo. Respecto a la continuidad, una medición del servicio para septiembre de 2016 lo consideraba no satisfactorio, con apenas 17,5 horas diarias, mientras que al menos el 20 % de los suscriptores de Yopal sigue aprovisionándose con carrotanques.

Como si lo anterior fuera poco, la llamada solución definitiva, la Planta de Tratamiento de Agua Potable (PTAP), ha sufrido más de un traspiés. Fue adjudicada en abril de 2015 por Findeter, con la supervisión del Minvivienda, al grupo español Abengoa por $56.147 millones. En noviembre de ese año, el grupo se declaró en quiebra con obligaciones totales en impago por 25 mil millones de euros, lo cual lo impelió a no adelantar el proyecto y sólo hasta febrero de 2016 cedió el contrato al grupo español AZVI, con el 40 %, y a firmas nacionales, que se desempeñan en el Valle del Cauca, con el 60 % restante.

Tampoco este consorcio ha sido ajeno a los escándalos. En junio de 2016, AZVI fue el hazmerreír de la ingeniería mundial al develarse su fracaso en la edificación de un puente elevadizo en Chile, que simplemente no elevó. En estas manos está el agua futura de Yopal. A lo anterior se añade que se han sembrado dudas sobre la viabilidad del lote donde se está erigiendo, no sólo porque está dentro de la ronda del río Cravo Sur, en zona de riesgo y sometido a la inestabilidad que podrían causar los pozos petroleros próximos a ser explotados, sino también por los problemas en su adquisición. Y son apenas dos de las 200 inconsistencias denunciadas en junio de 2016 por una Veeduría Ciudadana sobre la consultoría que estructuró la PTAP. Hace meses Findeter debió aceptar que, en efecto, se requieren ajustes y más recursos.

Mientras el laberinto permanece sin salida, y ya son más de 5 años, los saldos negativos son alarmantes. Los usuarios pagan facturas por valor $500 millones mensuales y desde mayo de 2011, a pesar del inexistente y precario servicio, han contribuido con no menos de $35 mil millones. Algunos voceros dicen que en los primeros cuatro años se habían gastado en Yopal $117 mil millones de agua en bolsa. Y los cálculos más conservadores sobre el importe del alquiler de carrotanques, de fondos públicos y privados, llegan a más de $25 mil millones en este lapso, ya que tan solo en 2015 fueron $7.400 millones.

A todas estas, EAAAY, todavía intervenida, está volviendo a mostrar resultados financieros negativos. Para noviembre de 2016 registraba pérdidas por $2,929 millones, retornando a periodos como 2012, 2013 y 2014, con pérdidas acumuladas por $9.200 millones, siendo 2015 una excepción, cuando obtuvo utilidades positivas por $2.419 millones.

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