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El Espectador

Acueductos contaminados por la corrupción, caso Santa Rosa de Cabal

La corrupción y la falta de planificación de obras están perpetuando los problemas de acceso a acueductos en varias regiones del país. En otras, las empresas encargadas están asumiendo compromisos que ponen en riesgo su estabilidad.

Por: Aurelio Suárez M.

El investigador Aurelio Suárez documentó para El Espectador la situación en cinco ciudades. Esta es la increíble historia de Santa Rosa de Cabal:

 

Empocabal, microtráfico de agua en beneficio de terceros

 

anta Rosa de Cabal tiene cerca de 80 mil habitantes, es el tercer municipio de Risaralda en población y está entre los 85 más habitados del país. Su economía, aunque es tradicionalmente cafetera, ha desarrollado otros polos de atracción, como el turismo, en particular por las fuentes de aguas termales. Y es precisamente su riqueza hídrica, venida de los ríos San Eugenio, Campo Alegre, Otún, San José, San Juan, Campo Alegrito, Barbo y San Ramón, todos del sistema hídrico del nevado de Santa Isabel, que incluye la Laguna del Otún, la que le permite un importante excedente de producción de agua.

Desde 1988, una empresa pública para acueducto, alcantarillado y aseo, Empocabal, ha manejado con éxito la que, hablando estratégicamente es su mayor riqueza: el agua abundante. En efecto, el sistema de captación y conducción le permite un caudal de 550 litros por segundo, en tanto la demanda del municipio, circunscrita a la atención del área urbana, apenas llega al 32 % de la capacidad, casi 150, por lo cual durante varias décadas le vendió agua en bloque a Dosquebradas, que ha carecido de oferta y que hasta hace solo diez años consumía el 68 % de la producción de Empocabal, con lo cual aportaba el 27 % de sus ingresos operacionales.

A partir de 2006, Dosquebradas, además de mejorar su sistema, se aprovisionó de la empresa Aguas y Aguas de Pereira y otras, lesionando en alto grado los ingresos de Empocabal por el servicio de acueducto. Según datos de SUI, por este concepto cayeron de $4.578 millones en 2012 a $2.271 millones en 2013, con pérdidas por $851 millones. No obstante, para el 2015 volvió la empresa a presentar saldo positivo por $47 millones, como consecuencia del recorte de personal y que el sindicato Sintraemsdes hubiera pactado un alza de salarios del 1 %. Por ello olió mal que en agosto de 2016, ocho meses después de posesionarse, el alcalde Henry Arias, de la cuerda del senador Merheg y escogiendo a dedo, hubiera firmado un contrato en el que se compromete con la empresa Serviaraucarias –una firma SAS comercial, con solo tres meses de constituida– a “suministrar agua potable tratada en bloque” y “al transporte, tratamiento y disposición final de agua servida”. Un contrato a insólito por 20 años, que obliga a Empocabal a entregarle el líquido potable a Serviaraucarias, a la beneficiaria, como se la denomina en el documento, pero que en verdad es una iniciativa inmobiliaria de largo alcance en Santa Rosa, y que le garantiza asimismo la correspondiente disposición de las aguas servidas.

Es de la mayor gravedad que las razones para esta obsequiosa cesión sean, por un lado, que Empocabal debe “aprovechar su capacidad y experiencia para vender agua en bloque” y que “en su plan de inversiones regulado no tiene contemplado la expansión de infraestructura para dar servicio de acueducto a otros usuarios que se encuentren por fuera del perímetro urbano de Santa Rosa de Cabal”. Es decir, que aunque siga recaudando el componente de inversión pagado por los usuarios en la tarifa, Empocabal renuncia a expandirse en favor de un tercero privado que la reemplazará y que, simultáneamente, le ayudará también a dicha tarea, brindándole la materia prima. Que se conozca, no hay empresa –y menos pública– que por vía contractual suscriba y pueda autolimitarse enajenando su objeto social en favorecimiento de otro.

Ahora bien, el asunto adquiere un olor más nauseabundo cuando el suministro pactado no excluye que la recién aparecida Serviaraucarias compre a precios de hoy, a menos de $1.600, el metro cúbico de agua tratada en bloque y pueda montar una planta de embotellamiento cuya utilidad bruta sería exponencial, producto del cual ya circulan algunas muestras. Además de entregarle el área rural para usufructo de monopolio, agréguese que se anuncian 13 planes de vivienda autorizados por Planeación Municipal y que el mismo Plan de Desarrollo contempla mejorar 400 viviendas más entre urbanas y rurales y construir otro tanto. Ante la negativa de expansión de Empocabal hacia esta nueva clientela y del proyectado aumento de la cobertura actual, del 91 % al 94 %, vale preguntar: ¿Serán ya nichos reservados de antemano para Serviaraucarias?

El sencillo ejemplo de este municipio risaraldense muestra que el tamaño no importa, ni lo macro ni lo micro, ni el alcance de los acueductos, porque la imaginación de quienes hacen carrera negociando con el patrimonio público no tiene término. ¡Business, only business!

 

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