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Acueductos contaminados por la corrupción, caso Bucaramanga

La corrupción y la falta de planificación de obras están perpetuando los problemas de acceso a acueductos en varias regiones del país. En otras, las empresas encargadas están asumiendo compromisos que ponen en riesgo su estabilidad.

Por: Aurelio Suárez M.

El investigador Aurelio Suárez documentó para El Espectador la situación en cinco ciudades. Esta es la increíble historia de Bucaramanga:

 

¿Cómo atascar al mejor acueducto?, el de Bucaramanga

 

El Acueducto Metropolitano de Bucaramanga (AMB), al contrario de Buenaventura, tiene los mejores indicadores del país y es una empresa exitoso en saneamiento básico, con micromedición y cobertura casi total, y tiene el índice de agua no contabilizada (IANC) más baja, del 21 %. Su personal es bien calificado y se embarcó en dos proyectos estratégicos: el del embalse de Bucaramanga, tendiente a regular el río Tona, y el básico, para ampliar la red de suministro sostenible hasta 2050. Sus estados financieros mostraron en 2015 una ganancia neta de $24.296 millones, activos por $1,012 billón y un patrimonio total de propiedad de los accionistas de $741.712 millones. Pero, en otros indicadores como en el servicio de la deuda con relación a los ingresos operacionales, se nota que creció del 3,46 % en 2013 al 25,9 % en 2015, ocho veces en tres años. Aunque parezca un asunto sutil, el servicio de la deuda es determinante en el caso del AMB, por las condiciones de los préstamos para adelantar el embalse. Tan onerosas son, que esta “joya de la corona” de los bumangueses está expuesta a un grave riesgo. Hay uno, con Bancolombia, por $144 mil millones que, a las tasas contraídas en las condiciones de hoy, ocasionará, además del pago del principal, cargos adicionales de intereses por $122 mil millones. Y el otro, con Banbogotá, de $46.782 millones que generaría intereses por $79.477 millones y, que, extrañamente, con un primer desembolso de cerca de $16 mil millones ya causó importes por $35 mil millones. En líneas generales, los contratos iniciales fueron al IPC + 7,5 % aunque, en el caso de Bancolombia, entró a regir una tasa compensada menor desde octubre de 2013. Por supuesto que la inflación, por los niveles del 7 y el 6% en los últimos años, agravó más la imprevisión de quienes los contrataron a la topa tolondra, por decir lo menos.

Lo más grave es cómo pactó el pago de los créditos. El Acueducto deberá mantener niveles de servicio de deuda entre $20 mil millones y $26 mil millones en forma continua, desde 2016 hasta 2025, para pagar $248.023 millones, el 84 % del total de $294.274 millones, pese a que el horizonte cubre entre 18 y 20 años.

¿Qué originó tan absurda negociación crediticia? La arquitectura financiera del proyecto del embalse descargó en AMB más del 70 % de los costos, bien por créditos o por recursos propios y no concretó aportes sustanciales de la nación ni de Santander. Es más, si se incluyeran intereses bancarios, se le imputaría a la empresa hasta algo más del 80 % del peso global del proyecto. Se planeó además con préstamos a largo plazo, pero con intereses altos que incorporaron como componentes de las tasas, variables macroeconómicas que los encarecieron todavía más. La lesión financiera ya empezó a manifestarse: la ejecución presupuestal de 2015 fue de -$5.311 millones. Es decir, la ejecución de los ingresos fue inferior en dicho monto a la de los egresos. Y si se miran los rubros de las últimas acciones presupuestales, se pasa de un resultado positivo de $14.907 millones en 2014 al negativo en 2015, ya que el “servicio de la deuda” creció el 54 %, más que todos los demás rubros, pasando de $8.268 millones a $12.744 millones. Y se ahondará para 2016, cuando ese abono a la deuda se duplique, hasta $23.121 millones. La hemorragia se desató y erosionará la estabilidad financiera del AMB. Lo confirma el Informe de Gestión de octubre de 2016 al anotar que el “resentimiento de la razón de liquidez (…) como resultado del esfuerzo de la caja en el financiamiento de inversiones; incremento del nivel de endeudamiento por las obligaciones contraídas en la ejecución del proyecto Embalse de Bucaramanga y rebaja el patrimonio al 62,93 % del valor de los activos” (en 2013 era del 77 %). Y concluye lacónicamente que “la aplicación de créditos de tesorería a corto plazo incrementa el compromiso de los ingresos para atender estos pagos”. El pago de tales obligaciones exige aumentar los suscriptores, las tarifas y la demanda de agua. Es posible en los próximos años un incremento del 10 % de los suscriptores, 25 mil nuevos, pero no lo es el alza de tarifas por encima del IPC ni tampoco el incremento del consumo. Las nuevas regulaciones, que sólo subsidiarán hasta 16 metros cúbicos a los estratos medios y bajos, conducirán a menor gasto por hogar, algo que ya se está viendo.

Hoy por hoy, el proyecto registra el lleno del vaso del embalse en cerca del 60 % y un avance del 97 % en la etapa de construcción, a la cual se le recortaron ya varios tramos de la tubería de aducción para transportar el agua a las plantas de tratamiento, tanto a la de Bosconia como a la nueva de Los Angelinos, la cual apenas avanza en un 21 %.

En medio del punto muerto –el que exige fuertes flujos de inversión para el proyecto, pero lejos de los retornos esperados– por los costosos servicios de la deuda que debe asumir la empresa, el alcalde Rodolfo Hernández busca alivios financieros con prestamistas. Se dice que en su auxilio, del que ya participó el sindicato al reducir importantes puntos convencionales, vendría el fondo de Dubái, Mubdala, el mismo que adquirió en 2015 la mina de oro de California, que era del magnate brasileño Eike Batista. Es decir, que con los propietarios del ciento por ciento de una de las minas auríferas que amenazan el suministro y la calidad del agua para Bucaramanga –patrones de Tony Blair– se llegaría paradójicamente al adagio: “Que los salve quien los emboscó”.

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