Agosto 23, 2017

A propósito del paro en Buenaventura: “Acueducto contaminado por la corrupción”

Bogotá, 15 de Mayo de 2017
 
[Parte del documento “Acueductos contaminados por la corrupción”, publicado el 13 de enero de 2017].

¿Es Buenaventura el mayor exportador de agua?

Buenaventura, el primer puerto de Colombia sobre el océano Pacífico, movilizó en 2015 el 26 % de la carga marítima ingresada al país y el 2,3 % de la exportada. En cuanto a las importaciones, es punto principal de entrada de granos y cereales, de géneros químicos y de bienes intermedios y manufacturas en contenedores. Está definido como Distrito Especial, Industrial, Portuario, Biodiverso y Ecoturístico, y apunta como ariete para irrumpir en el área Asia-Pacífico a partir de la Alianza Pacífico y en consonancia con el interés –manifiesto por el gobierno de Santos– de adherir al Tratado Transpacífico. Se dice que allá está la solución a los quebrantos económicos nacionales.
 
Buenaventura tiene 407.539 habitantes, de los cuales 373.597 viven en el casco urbano. Se habla de 4,5 personas por predio, con lo cual el número total de los residenciales urbanos no es de menos de ochenta mil. La empresa prestadora del servicio es Hidropacífico, por concesión que le hizo a dedo en 2002 la Sociedad de Acueducto y Alcantarillado de Buenaventura (SAAB), a pocos días de haberse constituido en Medellín. La empresa habla de 47.401 suscriptores para agua potable y de sólo 29.851 para la disposición de aguas servidas, con coberturas del 80 y 50 %, respectivamente. Sin embargo, si se toma como referencia el censo de 2005, que ya informaba de 65.623 viviendas en la cabecera para 290.457 personas y de un cubrimiento del 75,9 y del 59,6 %, respectivamente, los porcentajes de atención son muy inferiores a los del reporte oficial del concesionario.
 
La situación es aún más caótica. Un estudio de 2013 reportaba que apenas el 16 % de los suscriptores tenían servicio continuo durante al menos 15 horas al día; el 31 % de diez a quince; el 38 % entre cinco y diez, y el 9 % con menos de cinco. En épocas de invierno, estos parámetros se trastocan más, al punto de que se habla de intermitencia, ya no por horas sino por días, lo que elevó hasta casi 15 mil las quejas en 2015. En Buenaventura, donde apenas la mitad de la población cuenta con instalaciones de saneamiento básico, donde el servicio no es continuo e incluso a veces inexistente, y cuya administración ostenta el segundo lugar en Índice de Agua No Contabilizada más alto del país (agua salida de las plantas y pérdida en las redes) del 87,2 %, cabe preguntar: ¿de verdad, hay acueducto? 
 
¿Qué ha sucedido para caer en tan terrible desbarajuste? ¿Qué pasó con el concesionario Hidropacífico para que no modificara las precarias características del sistema que prometió desarrollar? ¿Qué motivó a que la Contraloría, en Auditoría a la Superservicios de junio de 2016, incluyera a SAAB e Hidropacífico en la nada honrosa categoría de casos relevantes, compartiendo el primer lugar con los no menos aberrantes de Electricaribe y TermoCandelaria? ¿Por qué dicha Auditoría habla de graves incumplimientos en la continuidad del servicio, en la calidad de la información, en facturación por promedio y sin micromedición adecuada? ¿Por qué la Contraloría local involucró a SAAB e Hidropacífico en detrimento patrimonial por más de $10 mil millones en 2014? 
A finales de 2014, Findeter resumió el cuadro: 13 años después de iniciar el contrato de operación y mantenimiento, no se ha podido garantizar la adecuada y eficiente prestación de los servicios en términos de continuidad, cobertura por las condiciones de las redes, bajo nivel de inversión en expansión y disminución del nivel de pérdidas. ¿Qué pasó con lo proyectado para agua potable y saneamiento básico entre 2009 y 2012 que, según Fedesarrollo, bordearían los $266.476 millones?
 
Un reportaje publicado por “El País” en 2014 sobre la corrupción en Buenaventura desglosa los contratos firmados y denuncia que “esos dineros solo han contribuido a formar una generación de nuevos ricos en el Puerto”, “con un reguero de obras inconclusas, canceladas casi en su totalidad, y con costosos equipos inutilizados que en su mayoría ya han sido desmantelados”. Menciona como ejemplo al contratista de la estación de bombeo del barrio Pueblo Nuevo: “Pese a recibir más del 99 % del valor total, las obras apenas llegaban al 10 %”. La SAAB terminó convertida en un cascarón, con pérdidas no cubiertas por las contraprestaciones del concesionario, porque, según su vocero, Hidropacífico no las hará “hasta que el municipio cumpla con las inversiones que debieron hacer”. 
 
En marzo de 2011, Semana hizo un reportaje –en que se aseguraba que la calidad del agua proveniente de las dos plantas, Venecia y Escalerete, no tiene reparo alguno¬–, denunció que Hidropacífico había vuelto un gran negocio el aprovisionamiento a los buques que llegan al puerto. “Lo absurdo es que mientras el 78% que potabilizan se pierde, buena parte de la que es consumible la venden a los barcos, que la pagan en dólares”. Tal hecho, según Semana, explica al parecer por qué “un consorcio con semejante prestigio y músculo financiero (Conhydra, el socio mayoritario de Hidropacífico) se mantiene al frente de un negocio no rentable” como lo es el suministro de agua a los porteños. Ambas plantas producen 6,9 millones de metros cúbicos de agua al mes, pero buena porción se despacha para cada una de las siete posiciones de atraque de buques no TEUS del Puerto, de los muelles 8 al 14, a una rata de 150 toneladas por hora (igual a 150 metros cúbicos) y a razón de 5,5 dólares por unidad, equivalentes a $17.500, más de diez veces lo cobrado a los bonaverenses. No se sabe a qué alcancía va todo este líquido que sale de allí, puesto que Hidropacífico lo hace a través de Acuabuque, cuyo registro mercantil no aparece en ninguna Cámara de Comercio del país. En agosto de 2014, el portal Las 2 Orillas ratificó que “una pequeña porción del agua más pura se la llevan los barcos” en menoscabo del servicio urbano, que en algunas zonas “se brinda en carro-tanques” y “en un mercado informal por galones”, en una ciudad “rodeada por gran cantidad de ríos y un centenar de quebradas”, agregando que “el costo para los estratos inferiores relativo es alto comparado con ciudades de igual categoría”. 
 
El actual acueducto de Buenaventura no dista mucho del que en su momento proyectó y ejecutó la Federación de Cafeteros para la Flota Mercante Grancolombiana y demás naves en puerto cuando escasamente eran 70 mil habitantes. Poco a poco se fue expandiendo al servicio domiciliario, pero por las cañerías se han ido los dineros de inversiones nunca hechas en 25 años, incluidos los gastados en los últimos catorce desde la privatización. Mucha gente en Buenaventura vive del altísimo nivel de pluviosidad que permite acopiar a diario el agua lluvia, porque la que sale de las plantas se pierde en un 87% en las redes y otra buena cantidad convierte a la ciudad en acuífero exportador. ¡Vaya paradoja!
 

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